21 de diciembre de 2014

Serna o mi frustración lectora -(Sexenio-Puebla 09/06/14)

Como lector y como mexicano celebro que Páginas de espuma –editorial dedicada a impulsar al cuento-, haya incluido en su vasto y cuantioso catálogo a Enrique Serna, por mucho una de las mejores plumas que ha dado México.

La percepción que se tiene de Antonio López de Santa Anna no ha vuelto a ser la misma después de El seductor de la patria; ni el siglo XVII mexicano podrá apreciarse completamente sin visitar Ángeles del abismo. Novelas que se han instalado en el inconsciente colectivo del mexicano para reconfigurar su visión y cuyos recorridos han sido acompañados de una formidable escritura llena de humor y amplia riqueza lingüística. No debe extrañar a nadie que Serna conserve un sinfín de fervientes y exquisitos lectores.

La ternura del caníbal es uno de los más recientes libros publicados por Serna y el primero en Páginas de espuma. Es un libro perfecto y deja en claro la maestría literaria de Serna. Sin duda, éste debe incluirse en las academias literarias para su análisis. Aquí, Serna cumple cabalmente con los requisitos canónicos del género. Técnicamente no hay nada que objetarle a La ternura del caníbal.

Sin embargo como lector -uno que ve al acto de leer como un ejercicio capaz de transportarme a otros mundos, a otras vidas- me encuentro un poco frustrado.

El libro se presenta al lector como una recopilación de historias donde la satisfacción de poder sobre el otro –ya sea impuesto o conquistado- es la voz cantante; hasta aquí suena bien. Si agregamos historias que giran alrededor de la pareja y abordan temas como: la lucha de poder en las relaciones amorosas o las traiciones que fulminan la vida conyugal; suena aún más interesante. Y si anexamos que el sexo, las infidelidades y las inseguridades son algunos de los elementos que enriquecen las historias y lo metemos a la licuadora; obtenemos un conjunto de narraciones dispuestas a atrapar al lector.

Empero no hubo una historia que terminara por atraparme del todo. Ni existió personaje con el que mantuviera cierta empatía. De aquí proviene mi frustración lectora.

Siempre he creído que el autor nunca está mal, sino el lector. Así como alguna vez le oí a Daniel Sada: un lector no se acerca a un libro y espera que lo traten como pendejo.

Y ése es el problema con este libro. Siento que estoy leyendo una serie de historias escritas por un ente poseedor de soberbia literaria y que escribe desde esa postura. Por lo tanto las historias contenidas en La ternura caníbal se me hacen lejanas. Tan distantes me son las historias que las siento imposibles de acontecer y por eso, quizá, me da la sensación que los relatos están ausentes de naturalidad.

La ternura caníbal ni me causó la sensación de rechazo o asco ante lo narrado; ni me provocó ningún sentimiento positivo o negativo, que no sea la frustración lectora.

Serna es una pluma alta y uno siempre espera toparse con algo transgresor, esta vez no fue la ocasión.

Aunque existe la probabilidad de que necesite ser más pervertido y depravado para empatar con el libro.