21 de diciembre de 2014

Si no duele, no es poesía -(Sexenio-Puebla 18/05/14)

La vida está llena de hallazgos, a veces positivos y otras más son experiencias negativas que enriquecen el camino.

Semanas atrás asistí a la región más transparente del aire al 8avo remate libros, realizado en las instalaciones del Auditorio Nacional. Un evento organizado por diversas editoriales y librerías con el afán de vender aquellos libros almacenados en las bodegas y así lograr salvarlos del olvido o la desaparición.

La oferta es impresionante. Hay cosas muy buenas y otras dignas del olvido. Recorrí cada estante, al menos unas tres ocasiones. Algunos libros me llamaron, otros los escogí. Formar una biblioteca personal no es cualquier cosa, algunos optan por aquellos libros o autores imprescindibles, otros buscan algún equilibrio entre lo aprobado por el canon y lo apreciado por uno mismo. En mi caso, quiero una biblioteca conformada por temas que me inquietan y por escritores que me agradan. Hace mucho dejo de importarme la opinión de académicos o críticos. Uno es dueño de sus gustos, temas o inquietudes. La crítica debe ser vista, tan sólo como un enriquecimiento del debate, nunca como una absoluta certeza.

Adam Zagajewski es la joya literaria que encontré entre ese mar inmenso de libros. Deseo y Mano invisible son los poemarios que se han agregado a mi biblioteca.

La poesía que contenida en estos poemarios está llena de certezas humanas, cotidianas. Sus metáforas provienen de la vida misma, de la experiencia.

El tiempo, la muerte, la guerra, la ausencia y el abandono son los temas que inquietan a Zagajewski y que se impregnan en cada verso. Incluso el propio poeta se convierte en una de las grandes metáforas de cada poemario.

Su poesía nos recuerda que las guerras, la tecnología, la rutina y las ideologías nos han acaparado y con ello hemos olvidado el significado de ser y vivir. Quizá por ello nos espanta morir. Incluso su poesía busca describir, aquello que pocos nos detenemos a contemplar: la belleza de los paisajes naturales y citadinos.

Zagajewski parece afirmar que la mejor forma de saber que no todo está perdido es sufriendo una pérdida significante.

Es imposible no salir herido al leer la poesía de Zagajewski.

La verdadera poesía lastima.

No creo en los poetas que optan por la forma y olvidan el fondo. Tampoco creo en los poetas que adornan sus versos y se olvidan de la carne: el dolor, los sentimientos, las heridas de vida.

Adam Zagajewski lastima hondo.


Sus poemas son un canto a la vida, a través del dolor, pues si lo afrontamos cabalmente -quizá- lograremos reconocernos.