21 de diciembre de 2014

Balón dividido-(Sexenio-Puebla 07/10/14)

Juan Villoro pertenece a una estirpe de escritores que no han perdido un ápice de intelectualidad al confesar que disfrutan del fútbol y que son hinchas de algún equipo. Incluso hay quienes lo han bautizado como el filósofo del fútbol mexicano.

Villoro es hincha del Necaxa y del Barcelona, empero su afiliación futbolera no le ha impedido escribir una serie de libros donde crítica, certeramente, la situación actual del fútbol mexicano e internacional.

Previo al mundial de Brasil 2014, Juan Villoro sacó a la luz Balón dividido.

Un libro que a lo largo de 228 páginas reúne una serie de crónicas deportivas donde revisa diversos temas y personajes como: Messi con su autismo y pasión por el fútbol, Cristiano Ronaldo y su narcisismo futbolero, Guardiola y su gran visión técnico-táctica del fútbol, Piqué y su relación con Shakira, el extraño caso de los hermanos Boateng que militan en distintas selecciones nacionales, Hugo Sánchez y su curiosa personalidad, Javier Aguirre y su intervención con la selección mexicana que participó en Sudáfrica 2010. De igual forma, Villoro comparte con el lector numerosas anécdotas como: el por qué se inventaron las tarjetas amarilla y roja, la función de los cuatro silbantes de un partido, sin dejar a un lado la comparación que hace sobre México y Hungría y la forma en que éstas asumen una derrota.

En cada uno de los textos, el lector encontrará nexos con diversas expresiones culturales y sociales como: la literatura, la poesía, los espectáculos y la publicidad.

Balón dividido está escrito fluidamente y está repleto de un humor que va de lo negro al sarcasmo, logrando así una lectura amena.

Es un libro que tanto amantes del fútbol como enemigos del mismo podrán disfrutar y les ayudará entender mejor las entrañas de uno de los deportes más democráticos del mundo, pues como dice Villoro: es el único que puede jugarse en cualquier parte y casi con cualquier objeto que sea pateable.

Palou y mi regreso al Benavente-(Sexenio-Puebla 28/08/14)

I
La vida es un ciclo y muchas veces un eterno retorno.

Dicen que no debe regresarse al lugar que te hizo feliz y, creo, tampoco debemos retornar al terreno que nos dejó un pasado lleno de desagradables experiencias.

El pasado 21 de agosto pisé nuevamente las instalaciones del Colegio Benavente, una institución que formó parte de mi educación inicial. Ahí aprendí a rezar y a volverme ateo. También entendí que sólo eras uno más de la lista si no tenías: los zapatos deportivos del momento, la prenda de marca más popular o un promedio aceptable. El clasismo y elitismo en su más pura expresión y condición.

Sin embargo, a veces, es necesario regresar al lugar que causó mis heridas más profundas para acelerar el proceso de cicatrización o al menos encontrar un reconcilio con el pasado.

Pedro Ángel Palou impartió una conferencia en el auditorio de dicha institución,  mejor ocasión para cicatrizar mi pasado no pudo existir.

II 
El Benavente siempre fue referencia como uno de los colegios organizadores de kermeses y grades inauguraciones deportivas. No lo recuerdo como un difusor o promotor del arte y la literatura. Por eso me resultó impactante y atractivo que estuvieran invitando a una conferencia impartida por un escritor.

Ante un auditorio con una asistencia apreciable, Palou habló acerca de la relación y diferencias que la “novela histórica” tiene hacía con la Historia, de igual forma compartió sus procesos y bases teóricas en las que fundamenta y construye su “ficción documentada”.

Para el autor de Pobre patria mía, la novela Los de abajo es el primer antecedente de novela histórica, mientras que Pedro Páramo contiene una mínima destilación de novela histórica.

De igual forma, Palou aseguró que la buena y atractiva literatura (de índole ficcional) siempre tendrá su origen en el miedo, el problema o la tragedia.

Por otro lado -contrario a la opinión de muchos-, Palou está seguro que nunca habíamos estado mejor: las nuevas generaciones han leído más que sus antecesoras, ahí están grandes títulos como Harry Potter o Los juegos del hambre; por citar algunos. Otra ventaja con la que cuenta la juventud, son las redes sociales -una suerte de cajas de resonancia- pues se ha convertido en una gran herramienta para informarse, expresarse y formar su propio criterio.

Palou, aprovechó para recordar que estamos viviendo una época donde los  grandes críticos -esos mandarines de la cultura- se han extinguido y ahora el individuo es quien opina sobre lo que lee, observa y escucha en revistas emergentes y/o electrónicas, y redes sociales; llegando a las mismas conclusiones que “esas voces autorizadas”, pero con más frescura.

Terminada la conferencia vino una sesión de preguntas y la firma de libros, donde me percaté que Palou es bien leído en el Benavente.

III
He vuelto al Benavente y parto de él con una sensación de evolución en sus procesos educativos. Ojalá en su ideología también.

Es también de resaltar que los tiempos han cambiado.

En mis tiempos de estudiante del Benavente, un crimen habría sido permitir que un egresado del Instituto Oriente fuera a impartir cátedra a dichas instalaciones. Hoy fue posible.

Las pregunta que queda es: ¿Y el Instituto Oriente por qué no tuvo a bien a invitarlo?


Sin duda, hay que aplaudir que el Benavente haya invitado a un escritor como Palou, ojalá continúen con esa dinámica, pues hay muchos escritores poblanos que podrían impartir cátedra ahí: Fritz Glockner, Jaime Mesa, Ángeles Mastretta e incluso buscar un acercamiento con Sergio Pitol. E incluso muchos artistas plásticos como José Lazcarro, Gerardo Ramos Brito, Sary Haddad, Raymundo Sesma o José Bayro. 

La abstracción hecha poesía -(Sexenio-Puebla 31/07/14)

La poesía es un lugar mágico y poderoso.

Hay poetas que optan por un estilo más experimental (vanguardista) y otros que van por un camino más intimista. En ambas vertientes el poeta siempre expondrá sus inquietudes, alegrías y temores. Este tipo de poetas me interesan, son habitantes de mi olimpo personal.

Los poetas que están más apegados a la estética, dejando fuera la entraña; me son indiferentes.

Cristina Rivera Garza es una poeta que no tiene miedo a experimentar.

Cristina es poseedora de un estilo muy peculiar: sus poemas coquetean insistentemente con el ensayo, la narrativa y la fragmentación; de igual forma, la conversación que algunas de sus obras guardan con otras es un ejercicio constante en ella.

Encontrar el tema o la intención poética de Cristina Rivera Garza, resulta complicado. No es una obra que pueda encasillarse.

Viriditas es un diario poético donde la autora da forma de palabra a las imágenes que la inquietaron.
Viriditas es el proyecto paralelo a su novela: Verde Shanghai.

Viriditas es un lugar mágico, atemporal: un libro, donde se registran las palabras. Un lugar donde el lector puede jugar.

Viriditas es un poemario que ejerce un guiño con el arte contemporáneo-abstracto: en el segundo los artistas juegan con las formas. Aquí, la poeta juega con las palabras. En ambos casos lo que importa es la experiencia-conclusión que el observador-lector pueda sacar.


Si les interesa la innovación y las nuevas tendencias poéticas, éste es un poemario que no deben dejar pasar. 

El llanto hecho poesía-(Sexenio-Puebla 07/07/14)

La muerte es el punto final de la vida del ser humano. Se llega sin posibilidad de escapar.

Sin embargo, la muerte siempre dolerá para los que se quedan y más cuando ésta llega de forma abrupta, violenta.

En el norte de México, la muerte se ha vuelto un hecho cotidiano a raíz de la lucha contra el narcotráfico. Ciudad Juárez es una de las ciudades que más se ha visto afectada; misma que viene arrastrando el tema de las mujeres asesinadas en Juárez. Situación que ha provocado el éxodo hacía el centro y sur de nuestro país.

Jorge Humberto Chávez ha recurrido a la poesía para ponerle nombre a tanto dolor. Aquí se le rinde un homenaje poético a tanto desaparecido. Los versos vertidos por el poeta no denuncian, pero si buscan encontrar un alivio, un confort o algo que sirva para aminorar el sufrimiento.

La ausencia y la soledad del “otro” es un tema que aparece a lo largo del poemario, pues la muerte deja eso a los sobrevivientes. Por ello, la sensación  de extravío que siente “la voz poética” no debe extrañarle a nadie.

Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay ni río ni llanto es la gran metáfora unificadora, aquí recae todo el simbolismo del poemario. Los habitantes del norte del país han sollozado tanto a sus muertos que su llanto se extinguió y son tantas las víctimas en el norte que el Río Bravo ha desaparecido, pues el agua es el símbolo universal de la vida. Habitantes y tierra se convierten en almas penantes. Almas que buscan paz y quizá la poesía sea la única forma de hallarla.

Salir bien librado de este poemario es imposible.

Si antes era inadmisible andar campante por la vida sin que tanta muerte nos afectara, después de leer este poemario sería absurdo.

Un gran poemario que fue acreedor del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2013, cuyo jurado estuvo conformado por Hugo Gutiérrez Vega, Efraín Bartolomé y Nelson Simón.


El poemario es frío, letal, por ello es certero y no sacrifica ritmo ni musicalidad, por eso es bello. ¡Cuánta razón tenían Álvaro de Campos y Ricardo Reis (Fernando Pessoa)!

Serna o mi frustración lectora -(Sexenio-Puebla 09/06/14)

Como lector y como mexicano celebro que Páginas de espuma –editorial dedicada a impulsar al cuento-, haya incluido en su vasto y cuantioso catálogo a Enrique Serna, por mucho una de las mejores plumas que ha dado México.

La percepción que se tiene de Antonio López de Santa Anna no ha vuelto a ser la misma después de El seductor de la patria; ni el siglo XVII mexicano podrá apreciarse completamente sin visitar Ángeles del abismo. Novelas que se han instalado en el inconsciente colectivo del mexicano para reconfigurar su visión y cuyos recorridos han sido acompañados de una formidable escritura llena de humor y amplia riqueza lingüística. No debe extrañar a nadie que Serna conserve un sinfín de fervientes y exquisitos lectores.

La ternura del caníbal es uno de los más recientes libros publicados por Serna y el primero en Páginas de espuma. Es un libro perfecto y deja en claro la maestría literaria de Serna. Sin duda, éste debe incluirse en las academias literarias para su análisis. Aquí, Serna cumple cabalmente con los requisitos canónicos del género. Técnicamente no hay nada que objetarle a La ternura del caníbal.

Sin embargo como lector -uno que ve al acto de leer como un ejercicio capaz de transportarme a otros mundos, a otras vidas- me encuentro un poco frustrado.

El libro se presenta al lector como una recopilación de historias donde la satisfacción de poder sobre el otro –ya sea impuesto o conquistado- es la voz cantante; hasta aquí suena bien. Si agregamos historias que giran alrededor de la pareja y abordan temas como: la lucha de poder en las relaciones amorosas o las traiciones que fulminan la vida conyugal; suena aún más interesante. Y si anexamos que el sexo, las infidelidades y las inseguridades son algunos de los elementos que enriquecen las historias y lo metemos a la licuadora; obtenemos un conjunto de narraciones dispuestas a atrapar al lector.

Empero no hubo una historia que terminara por atraparme del todo. Ni existió personaje con el que mantuviera cierta empatía. De aquí proviene mi frustración lectora.

Siempre he creído que el autor nunca está mal, sino el lector. Así como alguna vez le oí a Daniel Sada: un lector no se acerca a un libro y espera que lo traten como pendejo.

Y ése es el problema con este libro. Siento que estoy leyendo una serie de historias escritas por un ente poseedor de soberbia literaria y que escribe desde esa postura. Por lo tanto las historias contenidas en La ternura caníbal se me hacen lejanas. Tan distantes me son las historias que las siento imposibles de acontecer y por eso, quizá, me da la sensación que los relatos están ausentes de naturalidad.

La ternura caníbal ni me causó la sensación de rechazo o asco ante lo narrado; ni me provocó ningún sentimiento positivo o negativo, que no sea la frustración lectora.

Serna es una pluma alta y uno siempre espera toparse con algo transgresor, esta vez no fue la ocasión.

Aunque existe la probabilidad de que necesite ser más pervertido y depravado para empatar con el libro. 

Si no duele, no es poesía -(Sexenio-Puebla 18/05/14)

La vida está llena de hallazgos, a veces positivos y otras más son experiencias negativas que enriquecen el camino.

Semanas atrás asistí a la región más transparente del aire al 8avo remate libros, realizado en las instalaciones del Auditorio Nacional. Un evento organizado por diversas editoriales y librerías con el afán de vender aquellos libros almacenados en las bodegas y así lograr salvarlos del olvido o la desaparición.

La oferta es impresionante. Hay cosas muy buenas y otras dignas del olvido. Recorrí cada estante, al menos unas tres ocasiones. Algunos libros me llamaron, otros los escogí. Formar una biblioteca personal no es cualquier cosa, algunos optan por aquellos libros o autores imprescindibles, otros buscan algún equilibrio entre lo aprobado por el canon y lo apreciado por uno mismo. En mi caso, quiero una biblioteca conformada por temas que me inquietan y por escritores que me agradan. Hace mucho dejo de importarme la opinión de académicos o críticos. Uno es dueño de sus gustos, temas o inquietudes. La crítica debe ser vista, tan sólo como un enriquecimiento del debate, nunca como una absoluta certeza.

Adam Zagajewski es la joya literaria que encontré entre ese mar inmenso de libros. Deseo y Mano invisible son los poemarios que se han agregado a mi biblioteca.

La poesía que contenida en estos poemarios está llena de certezas humanas, cotidianas. Sus metáforas provienen de la vida misma, de la experiencia.

El tiempo, la muerte, la guerra, la ausencia y el abandono son los temas que inquietan a Zagajewski y que se impregnan en cada verso. Incluso el propio poeta se convierte en una de las grandes metáforas de cada poemario.

Su poesía nos recuerda que las guerras, la tecnología, la rutina y las ideologías nos han acaparado y con ello hemos olvidado el significado de ser y vivir. Quizá por ello nos espanta morir. Incluso su poesía busca describir, aquello que pocos nos detenemos a contemplar: la belleza de los paisajes naturales y citadinos.

Zagajewski parece afirmar que la mejor forma de saber que no todo está perdido es sufriendo una pérdida significante.

Es imposible no salir herido al leer la poesía de Zagajewski.

La verdadera poesía lastima.

No creo en los poetas que optan por la forma y olvidan el fondo. Tampoco creo en los poetas que adornan sus versos y se olvidan de la carne: el dolor, los sentimientos, las heridas de vida.

Adam Zagajewski lastima hondo.


Sus poemas son un canto a la vida, a través del dolor, pues si lo afrontamos cabalmente -quizá- lograremos reconocernos.

En la intimidad de María Elvia de Hank-(Sexenio-Puebla 21/04/14)

Egresada de la maestría en Bellas Artes de la Universidad de California, San Diego; Yvonne Venegas ha incursionado en el mundo de la fotografía lentamente, pero con paso firme.

Su obra ha buscado retratar todas las caras posibles que ofrece la vida cotidiana.

Su primer proyecto fue plasmar el significado que puede tener compartir vida con una hermana gemela, reconocida nacional e internacionalmente: Julieta Venegas; posteriormente retrató a María Elvia de Hank y todo lo relacionado a su entorno.

Cuenta en una entrevista -realizada para “La Ciudad de frente”- que la posibilidad para realizar este trabajo fotográfico, se dio: “gracias a una relación que María Elvia tenía con su padre. Ambos fueron contratados para tomar fotos de la boda de la hija de María Elvia, dándole a Yvonne la oportunidad de capturar imágenes a su estilo”.

La boda contó con cinco eventos y durante el segundo Yvonne le presentó a María Elvia la idea de realizar un libro fotográfico, proponiendo los siguientes ejes temáticos: Empleados: guardias, cocineros, nana, tutores, maestros de escuela; construcción del casino, remodelación de su casa, el estadio; animales: caballos, camellos, perros, leones, hienas, perritos, perrotes; fiestas privadas: el cumpleaños de María Elvia y el del ingeniero Hank o alguna otra celebración familiar; jugadores del equipo de Xolos, retratos de ella y su familia, así como otro tipo de actividades.

Las fotografías presentadas por Yvonne Venegas logran plasmar una vida llena de placeres, lujos y excesos que sólo una familia tan acaudalada en México -como lo son los Hank- pueden tener. Empero, está el otro lado: su acercamiento a una educación taurina, cultural y deportiva, así como una clara unión familiar.

Estas fotografías no denuncian, no protestan, tan sólo reflejan el día a día de una familia adinerada.

Uno de los grandes atinos de Yvonne Venegas es lograr que los retratados aparezcan con amplia naturalidad, como si la cámara nunca hubiera estado ahí y el observador sea parte de esa intimidad.
Este libro la hizo acreedora del prestigioso premio Magnum en diciembre de 2010.


*Yvonne Venegas. María Elvia de Hank. México: Editorial RM, 2010.

A mis maestros culturales, con cariño-(Sexenio-Puebla 07/03/14)

La vida, siempre he creído, se construye a base de sueños e ideales.

De chico quería futbolista y jugar para el Puebla. Practiqué el fútbol por años, estuve en las fuerzas básicas de la UPAEP que en su tiempo eran filial del Puebla y me tocó ver entrenar a jugadores como: Omán Biyik, Alejandro “El gallo” García, Juan Ignacio Palou, Eduardo Córdova; entre otros. Después la desidia y los contratiempos económicos me alejaron de aquél sueño.

Corría el año 2003, sin haber leído mucho, casi nada, tomé mi primer taller literario: “Iniciación a la narrativa” con Verónica Estay por tallerista en Casa del Escritor, con ella conocí la literatura. Pasados los meses ingresé al Seminario “Voluntad y renuncia en la Literatura” de Pedro Ángel Palou, quien se convertiría en mi Virgilio literario. Gracias a él tuve grandes lecturas: Faulkner, Nabokov, Kafka, Bolaño, Fuentes, Tabucchi, Naipul, Cirlot; por nombrar algunos. Con el paso de los años nació una amistad llena de complicidades literarias, pero también una admiración hacía su trabajo como gestor cultural. Los azares del destino hicieron que Pedro Ángel Palou se convirtiera también en mi maestro de gestión cultural y un amigo eterno.
Fue aquí donde nació mi actual sueño: dirigir la Secretaria de Cultura de Puebla.

Llevó tres años dentro de la estructura del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla (CECAP). Años llenos de alegrías, grillas y desencantos, pero siempre acompañados de gratos y dolorosos aprendizajes.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de estar bajo las órdenes de dos grandes seres humanos: Moisés Rosas Silva y Joaquín Alonso Muñuzuri. El primero fungió como Secretario Ejecutivo del CECAP y el segundo comandó los destinos de la Dirección de Museos de la misma institución.

Moisés Rosas me dio buen trato, nunca me presumió sus conocimientos y sí los compartió. Tuvo tiempo para escuchar proyectos, confió en mis capacidades individuales y las explotó cuando fue necesario o simplemente supo mantener una conversación amistosa conmigo o cualquiera de sus colaboradores.

Joaquín Alonso me enseñó que para obtener buenos resultados es necesario tener un equipo de trabajo unificado. Explotó las capacidades de cada uno de los que trabajamos a su lado, cuando era necesario me aplaudía el esfuerzo o me pedía mejorar lo realizado. Nunca hubo un regaño, desplante o humillación. Me demostró que alguien que sabe dar órdenes es porque también sabe hacer lo que se está pidiendo: si había que cargar, cargaba; si había que desmontar una exposición, ayudaba a desmontar. Y al final de un trabajo realizado, siempre había un “gracias” y cada orden venía antecedida de un “por favor”. Siempre intentó tener nivelada la parte humana con la laboral, pues si la primera parte no estaba bien, la segunda no iba a dar el cien por ciento requerido.

Ambos, recientemente, dejaron las filas del CECAP para unirse al CONACULTA, precisando al FONCA. Hoy les debo el pertenecer a un equipo de trabajo valioso, humano y muy querido. Les agradezco la oportunidad de conocer a personas valiosas que las envidias de otras me habían impedido tratar. Además de la grata experiencia de quedarme con sus enseñanzas y amistad.

Toca continuar aprendiendo del equipo de trabajo al que pertenezco y queda seguir confiando en la visión de Sergio Ortíz y Octavio Ferrer.


El sueño de dirigir -alguna vez- la instancia cultural del Estado de Puebla, sigue vigente. Muy seguido me desencanto. Es parte del trayecto.

Dodo o el retorno contemporáneo de la épica-(Sexenio-Puebla 25/02/14)

Desde que leí Tesauro de Karen Villeda afirmé que ella era capaz de crear su propio universo poético. Con Dodo (Tierra adentro, 2014) se confirma todo.

Dodo es un homenaje a aquellas historias que mantuvieron entretenidos a un sinfín de generaciones: Robinson Crusoe de Daniel Defoe y La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson; así como a la poesía épica y a las canciones infantiles.

Karen Villeda entrega un poemario fresco -dentro de todo el mapa poético- que representa un retorno a viejas tradiciones, pero también asume riesgos: hacer poesía a la antigua, donde la experimentación recaiga en la generación de un estilo y estética propia y no en la repetición de fórmulas generacionales.

El atino de Karen Villeda consiste en la capacidad de mezclar lo épico con sus inquietudes principales: la experimentación poética con el lenguaje y la generación de un universo simbólico,  cuyas herencias descansan en los símbolos que desde niños arrastramos, y Karen -a través de la poesía- decide resignificarlos y actualizarlos para ponerlos a dialogar con su generación, que también es la mía. Donde la unidad poética lo es todo y donde la palabra recupera su papel protagónico, por encima de las formas.

Dodo hizo a Karen Villeda merecedora del Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2013.

Un poemario agradable; cuyas estrategias estéticas no logran descifrarse fácilmente. 

El retorno a la esencia vital: la imaginación-(Sexenio-Puebla 09/02/14)

De unos años para acá me he vuelto lector de libros infantiles.

Aún no sé por qué.

A veces estos libros me sorprenden más que los escritos por y para adultos.

Pocos escritores son capaces de contar historias verosímiles y con temáticas actuales e interesantes para los niños.

Pocos libros infantiles resultan ser un reto para su imaginación.

Casi ningún adulto ha logrado comprender que el niño no es tonto y es capaz de procesar muchas cosas. Sólo hay que encontrar el cómo.

Sexto piso no sólo ha innovado al presentarnos autores poco publicados y leídos en México, también se ha preocupado por cautivar al lector infantil y juvenil creando una colección sumamente cuidada tanto en su temática como en su diseño.

Como si fuera un juguete (Sexto piso, 2013) de Jorge Luján es una mezcla perfecta entre la poesía y el aforismo, donde lo que importa es la sensación que cada sentencia pueda generar en el niño. Es una extraña complicidad entre autor y lector, aquí sólo se dan pequeños indicios y al niño le tocará echar mano de su capacidad imaginativa. Los dibujos de Morteza Zahedi serán el refuerzo y/o complemento que el niño necesitará para tener un satisfactorio viaje a lo más íntimo de su ser.

Es una poética invitación a ver al libro como un juguete, como una herramienta para viajar tan lejos como el niño quiera y a interactuar con dicho objeto de similar forma como lo hace con los muñecos de acción.


Mientras que para el adulto, este libro representa el retorno a uno de los elementos más esenciales de la infancia: la capacidad de imaginar, sin necesitar muchos detalles para construir una historia.

La transmigración de los cuerpos-(Sexenio-Puebla 20/01/14)

Recientemente se ha estado hablando de una nueva generación literaria. De igual forma, se dice que la literatura mexicana está teniendo un “renacimiento” o “resurgimiento” y que ésta tiene nuevos y mejores embajadores que sus antecesores.

No creo en tal renacimiento o resurgimiento.

La literatura mexicana nunca ha estado muerta, está muy viva. Más bien, hay autores comerciales, otros son marginales y unos más han entendido que es posible contar historias que atrapen, sin necesidad de sacrificar ritmo, contenido, verosimilitud, actualidad temática y funcionalidad con dos tipos de lectores: los críticos y académicos que quieren novelas que entren dentro de sus rasgos “estéticos” y los que necesitan una historia capaz de mantenerlos pegados al libro y dejarles un grato sabor, como lo es Yuri Herrera y su novela La transmigración de los cuerpos (Periférica, 2013).

En medio de una ciudad paralizada, gracias a una epidemia que ha azotado a un país entero, viven las familias Fonseca y Castro; peleadas entre sí y en búsqueda de uno de sus miembros: Romeo Fonseca y la Muñe Castro, respectivamente. Ambas familias recurrirán al Alfaqueque para que logre localizarlos y él será quien les informe que por azares del destino: están muertos y en posesión de su familia enemiga. A partir de aquí se desarrollarán una serie de vericuetos donde las mentiras, la tragedia, el sexo y la redención serán los ingredientes de una historia que se desarrollará en los lugares más sórdidos y donde el tugurio o la vecindad abandonada parecerán los espacios más idóneos para encontrar un poco de paz. Junto a esta historia central, está una secundaria: la del Alfaqueque y  La Tres Veces Rubia, en la cual el verbo y el sexo son los componentes que mantienen la relación.

Con un ritmo avasallador Yuri Herrera relata una historia que acaricia al género detectivesco y donde la ficción roza con la realidad, debido a la crudeza con la cual es contada, aunado a la utilización de un lenguaje cotidiano.

Una novela que recuerda el estilo narrativo de Daniel Sada, pero que el autor logra esconder a la perfección, gracias a la brevedad y velocidad propias de la historia.


La transmigración de los cuerpos es una de esas novelas que toma amplios elementos de la triste realidad que envuelve a países como México, para apropiarse de la misma y así lograr construir ficciones universales.

20 de enero de 2014

Si te hablo de muerte, escógela poética-(Sexenio-Puebla 14/01/14)

¿Cómo se enfrenta la muerte de un padre? ¿Cómo superar la orfandad paternal? Son algunas de las preguntas que seguramente se hizo Carlos Azar Manzur al concebir su poemario: El círculo de la presencia (Elefanta editorial, 2013).

El lector que se enfrente al poemario de Carlos Azar será parte de una vieja tradición poética: escribir ante la pérdida de un ser querido; lo han hecho poetas como Jaime Sabines o Juan Eduardo Cirlot. De igual forma, participará en dos diálogos poéticos: el primero de ellos rememora el cómo Héctor Azar afrontó la muerte de su padre; y el segundo plano conversacional sería el que guarda todo este poemario con el sentimiento de desabrigo que deja en Carlos Azar la desaparición de su padre. Por otro lado, El círculo de la presencia tiene en Mortus plango, vivos voco de Jonathan Harvey y en Gerard Griséy la clave secreta del cómo concibió la estructura del poemario: una escala cromática, en lamento; compuesta por 3 poemas largos, 2 cortos y 1 epílogo. Este poemario -señala su autor- está conformado por tres elegías que concentran tres puntos de vista: la confusión ante la muerte del padre, la imprecisión sobre la vida del hijo y una suerte de conversación con la obra de Harvey, un tipo de contestación poética.

El círculo de la presencia es la metáfora de la búsqueda que significa responder: quiénes somos y qué hacemos aquí; un eventual eterno retorno.

Aquí la poesía recupera su origen intimista, donde el autor ha elegido compartirnos lo que le duele buscando, quizá, un remanso, una cura; porque la poesía purifica. Y a pesar de ser doloroso, también otorgar una serie de certezas sobre el sentido que tiene el acto de vivir y también el de escribir.


El círculo de la presencia como una fórmula para afrontar -de la forma más bella posible- la muerte de un padre.